Al parecer ya solo cuento con dos opciones viables en mi cabeza, para que no me declaren oficialmente demente, loca vamos: o me mato de una buena vez lanzándome desde lo alto de un puente, cómo ese de los suicidas en el viaducto de… bueno esa es otra historia… o empiezo a revelar mis anécdotas y confesiones secretas acerca de todos, escribiendo sobre su paso por mi camino, frecuentemente con un gran porcentaje de ficción y mentiritas, gracias a mi muy mala memoria y mi fascinación patológica por inventar cuentos, aún cuando no es necesario, así para sobrellevar la psicosis antes de asesinar a machetazos a todo aquel que se me atraviese.
Y como dice la Shakis, espero me preste un poco de sus letras y poder decir que: “siempre supe que es mejor cuando hay que hablar de dos, empezar por uno mismo”, pero ¿qué podría decir de mi, que no sepas ya y no suene a que pretendo convencerte de lo buena que soy y de todo lo que te perdiste…? ¿Qué bebo leche directo del envase, me acurruco como gatito en el invierno, qué dibujo sobre papelitos viejos y saco un pie de las cobijas cuando hace calor... contará? Y si es cuestión de confesar y suscribo; nunca duermo antes de diez, de hecho casi nunca duermo, pero eso si, conmigo nada es fácil ya debes saber y si no, lo sabrás pronto…
Es así como trato de comenzar con cierta coherencia y millones de referencias robadas de películas y música, (a menudo culpables influencias de mi distorsionada versión de la realidad), la crónica de los sucesos que han marcado mi existencia y como el hombre ilustrado; llevo en cada tatuaje la historia de mi vida, una huella indeleble de mi recorrido por este mundo, de todo aquello que me ha dejado una marquita sobre la piel y el corazón, que sin remedio me han traído hasta donde estoy hoy; un cúmulo de decisiones, regularmente malas, de las cuales casi siempre me arrepiento queriendo borrar regresando el tiempo, pero mías al fin e imposibles de cambiar ya.
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